Empalmatoria de la historia

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Pasaron por el boulevard de la Avenida de la Comprensión. Torcieron por la calle Amistad y al final encontraron la Plaza Aguas Limpias. Macetones de flores adosados a la fuente central, con pequeños surtidores periféricos, eran la base de las dos estatuas de bronce alzadas desde el centro a la respiración libre. Unas gotitas de aguas limpias presagiaban la breve tormenta de verano por la luz alargada, entre nubes grises, y el trueno que, por el retraso, parecía desvincularse. Con otro lenguaje, un maullido musicó la zona. En el balcón de la calle, dos gatitos frotaban el lomo en la reja y otro jugaba con el ovillo de la anciana que estaba haciendo punto y seguido. Mas arriba, un perro de orejotas colgantes, con lengua burlona, miraba el paso de baile de los cinco amigos. Las tres muchachas y los dos muchachos hicieron su entrada en Aguas Limpias con el sonido imaginario de las trompetas del acontecimiento triunfapalante. La paz puso plaza con esa orquesta de la buena fe. Se piró el mal rollo ambiental y sus residuos desaparecían por los goterones que húmedamente reían en vertical. A las cinco menos cuarto los anarquistas irrumpieron en la plaza, sintiendo el tumulto de aplausos de todos los huérfanos del mundo. El “medium universal” prestaba su gracia a los desvalidos.

‒Esta es la Plaza de las ideas, porque el agua está siempre limpia ‒anuncio Maripili.

‒Mira, ahí arriba hay dos estrellas, con la anchura impecable de la brújula sacudida ‒atrevió Momento Oportuno.

‒Son Mafalda y Charlot cogidos de la mano, más acogedores que San Madero a caballo ‒anticipó Beni.

‒Las figuras son de bronce, donadas por Raciocinio Cabal ‒mentó Conxi.

‒Un día gateé hasta los hombros de Charlot, porque me gusta subir a los arboles. Soy un desgobierno con refino agresivo como la salvaje que me gustaría ser ‒acertó Vane.

‒Con vosotras me siento como un niño en el circo comiendo pipas ‒habló Momento Oportuno.

‒Mira qué chulada de gatitos. Ese va a sacar del balcón el ovillo de la abuela ‒cuchicheó Maripili.

‒Eeeeh… chispas caen… refresca el coco… pelines lacios… achís….‒toseguió Conxi.

‒¡Resistenciaaaaaa! ‒gritó Beni.

‒Vamos a entrar en la Taberna Negra ‒indicó Vane.

En la fachada de la Taberna negra, había una bandera calavera ondeando al viento sobre una hermosa mujer pirata con pata de palo para la pierna y garfio por mano. Su altiva actitud de grandeza endiosada era un sugerente de desafío y de alcoba. En los anuncios de la Taberna Negra se leía: “Coctel de amor con cacha palo” y “Conmbinado de garfio entra al tesoro”. Y “La segunda consumicion se aborda a mitad de precio”. Más: “Tirar de la cuerda antes de salir del tigre”.

‒Pon cinco cervezas a la vista ‒pidió Momento Oportuno.

‒Sólo las tenemos negras ‒informó Ojo Parcheado.

‒Y de picar, qué hay ‒-preguntó Momento Oportuno.

‒Sólo morcilla y calamares en su tinta ‒respondió Ojo Parcheado.

‒Cagondio, ¿no tenéis algo que sea blanco? ‒preguntó irritada Maripili.

‒Sólo la tiza de la pizarra ‒cedió Ojo Parcheado.

‒¡Sensacional! Voy a escribir ‒dijo Conxi.

Mientras Ojo Parcheado ponía las cinco cervezas con cinco pinchos de morcilla de Burgos acompañado de pan negro de centeno, Conxi escribió en la pizarra “Copel Mendigo Langui”. Cuando salieron de la Taberna Negra, el nombre del mendigo asesinado por la guardia civil lo habían escrito cinco veces. El equipo funcionaba. A la altura de las dos estrellas del pedestal, oyeron por detrás las voces de Ojo Parcheado llamando a los cinco anarquistas. Vane preguntó si alguien había pagado las consumiciones. Al volverse, vieron al camarero sonriendo, mostrando la pizarra con el nombre del asesinado escrito seis veces. Maripili, animada, escribió, con el pintalabios rojo, el nombre del mendigo en la fachada del Ayuntamiento. Conxi también escribió el nombre en la fachada con el lápiz negro de los ojos. Copel Mendigo Langui es una bandera.

‒¡Resistencia…! ‒gritó Beni.

‒¡A las barricadas! ‒gritó el equipo.

‒Mira, ese bajito que viene por allí es Francisco Franco. Su tocayo, el militar diaño, asesinó a toda su familia. Es un viejo hueérfano ‒informó Conxi.

‒Hola, chicos. Voy a la Taberna Negra a tomar tinta de calamar. Os invito ‒ofreció Francisco Franco.

‒¿Tinta a palo seco? ‒preguntó Vane.

‒Como ya soy viejo, la tinta me viene bien para la libido y me permite escribir con el bolígrafo ‒aseveró Francisco Franco.

‒¡Ja, ja, ja! ‒rieron todos.

‒De allí venimos. Hemos firmado en una pizarra. Ahora vamos a secuestrar un autobús ‒indicó Maripili.
‒Secuestrad a un juez, que es menos voluminoso pero más grande ‒tanteó Francisco Franco.

-Por qué a un juez ‒deletreó Momento Oportuno.

-Porque encarcela a los pobres y permite las torturas ‒afirmó Francisco Franco.

El equipo estaba organizando la publicidad directa. Se trasladaron a la ciudad, compraron dos sábanas blancas, un bote de espray negro, cuerdas, ventosas y luces de emergencia. Contactaron con Casiloco, un compañero casi soñador. Casiloco tenía una novia llamada Acratamata y era amigo del perro Conserje. El contacto inicial lo circunstanció Momento Oportuno por Conserje, que al acariciar al perro éste movió el ventilador del culo, abanicando a Casiloco que estaba en la parte trasera del perro. Casiloco pidió por favor a Momento Oportuno que acariciara un poco mas a Conserje, que por sofoco de calor estaba sudando y mareado. En la entrevista mantenida ahora, acordaron que Casiloco rescatara al equipo y éste se comprometió a colaborar en la difusión del drama de los FIES.

‒Ese autobús lleva sólo dos pasajeros ‒dijo Conxi.

‒Vamos a por él ‒decidió Beni.

‒Yo subo encantada los bártulos ‒acometió Vane.

‒Subo la última, vigilando por si viene la poli ‒reflexionó Maripili.

‒¡Resistencia! ‒gritó dentro del autobús Beni.

El chófer y los pasajeros salieron del vehículo. Momento Oportuno Muchas Gracias tomó el volante y los pedales. Las dos sábanas rajadas en cuatro estaban a la medida de los cristales laterales, para opacarse, con cuerdas anudadas en sus esquinas. Con un nudo marinero quedaron atadas rápidamente a las ventosas exteriores. Se leía: “Copel Mendigo langui asesinado por la Guardia Civil”. Debajo: “No olvidamos ni perdonamos”. Flashes destellantes en el parabrisas y cristal trasero clamaban al mundo entero. Con agilidad, Momento Oportuno metió el autobús en el barrio de Lavapiés. Por las calles estrechas, imposible de adelantarles un coche radiopatrulla. Por los megáfonos trompeteros, del autobús salían las consignas:

‒¡Ley Mordaza para Rajoy guarraza! ‒Conxi.

‒¡Cualquier tortura para la Magisratura! ‒Vane.

‒¡Verguenza me daría ser amigo de la policía! ‒Maripili.

‒¡Resistencia bacana! ‒Beni.

‒¡La revolución es la solución! ‒Conxi.

‒¡Preso torturado, carcelero colgado! ‒Vane.

‒¡La Copel está aquí, cerdos a sufrir! ‒Maripili.

‒Resistencia cheli! ‒Beni.

Un ulular de sirenas se puso tras el autobus secuestrado.

‒¡Policía… paren inmediatamente el autobus… detengan el autobús… alto… alto… policía…!

Por las ventanillas de ambos laterales los anarquistas esparcieron dos bolsas con chinchetas planas de pinchos largos. Atrás quedó el atasco, el autobús marchó solo, sin escolta.

Momento Oportuno puso en diagonal el vehículo, entre las dos aceras, saliendo todos por la puerta lateral que daba al otro lado. Allí estaba Casiloco con su guanavana. Acababa de chorrearle cinco pavos de combustible, dándose a la pira los cinco reconocibles, porque Maripili, tumbada atrás, no era visible desde la calle, evitando un parón inexperado por exceso de pasaje.

Al llegar a su destino, repartieron pan y vino entonando el diapason: “A beber a beber y a cantar, con las copas del vacilón; que la Copel no puede olvidar, de la humanidad su dolor”.

Colorín colorado, sonríe, si te ha gustado este resultado.

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