Empalmatoria de la historia

800px-Plaza_Mayor,_La_Alberca

Pasaron por el boulevard de la Avenida de la Comprensión. Torcieron por la calle Amistad y al final encontraron la Plaza Aguas Limpias. Macetones de flores adosados a la fuente central, con pequeños surtidores periféricos, eran la base de las dos estatuas de bronce alzadas desde el centro a la respiración libre. Unas gotitas de aguas limpias presagiaban la breve tormenta de verano por la luz alargada, entre nubes grises, y el trueno que, por el retraso, parecía desvincularse. Con otro lenguaje, un maullido musicó la zona. En el balcón de la calle, dos gatitos frotaban el lomo en la reja y otro jugaba con el ovillo de la anciana que estaba haciendo punto y seguido. Mas arriba, un perro de orejotas colgantes, con lengua burlona, miraba el paso de baile de los cinco amigos. Las tres muchachas y los dos muchachos hicieron su entrada en Aguas Limpias con el sonido imaginario de las trompetas del acontecimiento triunfapalante. La paz puso plaza con esa orquesta de la buena fe. Se piró el mal rollo ambiental y sus residuos desaparecían por los goterones que húmedamente reían en vertical. A las cinco menos cuarto los anarquistas irrumpieron en la plaza, sintiendo el tumulto de aplausos de todos los huérfanos del mundo. El “medium universal” prestaba su gracia a los desvalidos.

‒Esta es la Plaza de las ideas, porque el agua está siempre limpia ‒anuncio Maripili.

‒Mira, ahí arriba hay dos estrellas, con la anchura impecable de la brújula sacudida ‒atrevió Momento Oportuno. Sigue leyendo

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