Retrospectiva activa

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En agosto, un amigo me invitó a las fiestas de su pueblo, presentándome a sus amistades Maripili, Vane y Conxi. Despues de los besos de ritual, habiendo olvidado mi amigo decir mi nombre, Conxi me preguntó.

‒Me llamo Momento ‒dije.

‒Muy curioso ‒comentó Maripili.

‒Podrías llamarte Ocasión ‒bromeó Vane.

‒Mi nombre compuesto es Momento Oportuno ‒informé.

Vane, con un ataque de risa, contagió a Conxi y Maripili, mientras Beni casi cae de espaldas con la silla del bar al ser empujado inconscientemente por la euforia de alguna de ellas.

‒Me vais a descalabrar en el momento oportuno en que vosotras conocéis el nombre de mi amigo ‒advirtió Beni.

El camarero de La Flor de la Canela la sirvió en rama en un perfumador de hélice central del velador, poniendo en torno las cañitas de cerveza con los típicos aperitivos embanderillados por la aceituna, la anchoa y el pepinillo.

La sonrisa había apaciguado la risa, tapando los dientes. La brisa movía los pelines sueltos de la azotea. Vane liaba un pitillo de otro perfume para ambientar la buena disposición de las mezclas aromáticas. Conxi y Maripili hablaban entre ellas mirando de reojo a Momento Oportuno. Beni acercó a Vane la boquilla de fieltro y el mechero, esperando ser invitado. Momento Oportuno tomó media caña y se zampó la banderilla de los tres sabores. Por la calle del cruce, un pastor transhumaba siete ovejas repeladas que soltaban cagarrutas que nadie quería: el tocomocho de la aceituna estaba más visto que el tebeo. En la Torre sonó el campanazo de la media hora, cuando Conxi tomó la palabra:

‒Amigo Momento Oportuno, nunca había escuchado un nombre tan original. La gente pudiera pensar que tus padres son vanidosos o vainillosos. Lo primero es un pegote de erosión carnavalesca, útil para la mascara de la presunción. Lo segundo tiene por ascenso la sonoridad del verso, aromatizado con la esencia de la vainilla por amor a los hijos, una señal de diferencia natural depositada al nacer ‒filosofó Conxi.

‒¡Que sabiduría, Conxi! Me dejas atontadito con tu exquisita adivinatoria ‒se iluminó la filo de Momento oportuno.

‒Pilla por la orilla ‒codeó Vane a Beni para que incendiara el cigarrillo.

‒El humo que tiene Asunción no es blanco ni tinto es del colocón ‒canturreaba Maripili.

‒Maripili, no te ofrezco porque no merezco que una amiga tan chulísima me diga que no ‒implantó Beni.

‒Soy la Brujitana sin escoba que voy por la viña como una amapola, que te quemas los deos, pasa el pitillo pa no sentirme sola ‒terció el cante vindicante de Vane.

‒¿Has tenido alguna vez problemas con tu nombre, Momento Oportuno? Que si has sacado guasas u hojarascas ‒apuntilló Conxi.

‒Con el nombre no, sólo con las apellidos. Si os contara… ‒invitó Momento Oportuno.

‒¡Cuenta, cuenta! ‒entusiasmadas las tres mirlas, mientras que Beni, indiferente, secaba la caña y arrebañaba su aperitivo.

‒Mis apellidos son Costra Gracia ‒aseveró Momento Oportuno.

-¿Y qué tiene de malo? ‒le ojilleó Vane.

‒Costra es un apellido malsonante, susceptible de utilizarlo contra su propietario para ofenderlo
sin que la ofensa sea concreta o manifiesta ‒presentó Momento Oportuno.

‒Es verdad la sutileza. Manda huevos la conbinación. Pueden decir “llega la Costra en el Momento Oportuno” ‒explotó la risa de Maripili.

‒Los nombres, propios o heredados, malsonantes pueden cambiarse en el Registro Civil, porque no
cambia la identidad de la persona, sólo la forma de la identificación individual necesaria. ‒organizó Momento oportuno.

‒Cámbialo. Yo te adopto en el acompañamiento para que no vayas solo ante el juez ‒se ofreció Conxi.

El sagaz Beni, con la copla sabida, sonreía a su sobri Vane. Y Vane, que intentaba intervenir, no le cortaba la palabra a nadie. El camarero de La flor de la Canela corrió la sombrilla para asombrar el velador, retirando los vasos vacíos con parsimonia y lentitud angustiosa, el síndrome de la tortuga, por si le pedían otras cañitas. Momento Oportuno pidió otra ronda, acelerando el camarero el servicio para no dar tiempo al cliente en el cambio de opinión, dejando a medio limpiar el velador con la balleta. De la mesa vecina se acercó una niña de trenzas azuladas por los lazos, preguntando a Maripili por el perrito blanco que sacaba todas las tardes por la ronda del parque. Esta noche no ha podido dormir porque le dolía mucho la cabeza y le he dejado en la cama, pero ya le diré al perrito que una niña preciosa ha preguntado por él. Trenzas azuladas corrió rosada a contarles la novedad a sus padres, que desde la mesa vecina reían con sus dientes de conejo. Con la velocidad de Spirit Gonzalez, el camarero de La Flor de la Canela trajo las cañitas con cacahuetes en el platillo, refunfuñando Vane para que cambiara el aperitivo, convertido en berenjenas de Almagro con olivas negras. Uno de los pajarillos del árbol, que iba a su bola despistado por el aire, dejó una deposición plomiza que cayó en el borde del velador, cerca de Conxi, que asustada dio un respingo retenido creyendo que era la culebrilla del sueño pesadito de una noche de luna nasti. Beni daba manotazos a tres moscas que buscaban cerca de su cara el cortejo, pero al colega no le gustaba el zumbido a piel tocante habiendo tanto lugar discreto para el romance.

‒Con tanta interrupción seguida, la comunicación a sufrido un apagón. Si Costra no te mola, ¿qué pasó? ‒preguntó Vane.

‒Voy a contaros un primer antecedente. Tengo un amigo que se apellidaba Gusano. En una gestión ministerial, por megafonía, sonó: “El Señor Gusano que pase por la oficina numero nueve”. El Gusano se levantó del asiento, notando todas las miradas y el cese de las palabras. Cruzó la sala, más cortado que un chepa, con las palabras sin salida como el engullimiento de una celda ‒inició Momento Oportuno.

‒Pobre hombre. Que mal publico ‒cortó ahora indignada Vane.

‒Peor era por su barrio. Decían: “Ahí viene el gusano”; “Es un gusano con dos patas”; “Los gusanos se comen a los muertos”; “Gusanooooo”; “Gusano, a tu capullo de seda”; “El gusano ahora es crisálida»; “Gus… ano”; “Un gusano que habla”; “Ahora que veo al gusano me entra el gusanillo del papeo”. Era insoportable la vida de mi amigo Gusano ‒explicó Momento Oportuno.

‒¡Qué cabrones! ¡Me cago en tos los faltones deformaos! ‒disparó Conxi.

‒Gusano fue al registro para cambiar el apellido malsonante por otro biensonante. El juez le dijo que eligiera el apellido del cambio. Mi amigo eligió Pérez y así consta en todas las administraciones y documentos ‒refrendó Momento Oportuno.

‒¡Guay! ‒elogió Maripili, que había limpiado la diarrea del pajarillo con dos servilletas de papel de Canela en Rama.

‒Fui al Registro Civil y el juez admitió anular mi apellido Costra por otro de mi elección. Dije que quería llamarme Muchas. Un bosquejo de mala pintura pareció irritar al funcionario. Revisó y dijo que Muchas no valía porque no estaba en el apellidaje comun, que eliminaría Costra cambiándolo inmediatamente por Pérez. Las leyes no pueden ir contra el pueblo o a favor de las autoridades, protesté. No quiero Pérez, el nombre es la identificación de persona única, Mi nombre es Muchas. Por la negativa, le armé la pajarraca al juez de baratillo, aleteando por la oficina unos cuervos con graznidos de espanto. En su auxilio llegó el secretario, creciendo la pajarraca con mas cuervos graznando. Había allí dos bomberos que iban a inscribir a un bomberito, que no pudieron sofocar las llamas de la ira. A pesar de todo, dejé allí el cadáver de Costra, saliendo con el nacimiento de Muchas.

‒No entiendo estas últimas palabras ‒inquirióVane.

‒Si de derecho no podía realizar el cambio, lo haría de hecho. Comuniqué a todas las amistades y relaciones que ya no era Costra, que mi nombre completo era Momento Oportuno Muchas Gracias.

‒¡Qué bonito! ‒dijo Maripili.

‒¡Espectacular! ‒comentó Conxi.

‒Es como un maravilloso sueño realizado, por el gran significado que tiene ese camino ‒respondió Vane.

‒Tronco, que es muy chulo llamarse como tú te llamas, y a mí me gustaría aunque solo fuera una semana ‒por fin habló el prudente Beni.

‒Firmo con mi nombre sin problemas. Cuando tengo que inscribirme, no hay objeciones, tanto en la administración como en privado. En dos ocasiones, una porque me pidieron el DNI y otra porque lo comprobaron, dijeron que me había equivocado de apellido, pero yo nunca rectificaba, alegando que el error era de la oficina de expedición porque el nuúmero, naturaleza, descendencia y la foto correspondían a mí ‒aseveró Momento Oportuno Muchas Gracias.

‒Pero estás siempre enganchado a explicar o justificar ‒anunció Maripili.

‒A la gente común le sirve la explicación mínima del error administrativo. Algunas veces, mis apellidos me crean confusión, porque al escuchar “muchas gracias”, me giro por si se dirigen a mi. Ten en cuenta que en el sonido todas las letras son iguales, no existen las letras mayúsculas ‒aclaró
Momento Oportuno Muchas Gracias.

‒Si el Gusano era el primer antecedente, es que tienes mas ‒recordó la sibilina Conxi.

-Así es. En 1950, la Guardia Civil franquista asesinó a palos a un lisiado que era mendigo. Limpiaban España con la tortura y la carnicería, especializados en deficientes mentales, pordioseros y tullidos. Los asesinos conocían el nombre del mendigo cojo por el interrogatorio violento hasta la muerte, pero le inscribieron en el libro de los muertos como hombre desconocido, evitando los víinculos o relaciones de futuro. La COPEL lo adoptó como miembro o socio honorífico, dándole el nombre de COPEL MENDIGO LANGUI ‒selló su relato.

‒Genial el gesto humanitario de los presos en lucha ‒presentó Vane.

‒La humanidad está viva y yo siempre estoy presentada ‒afirmó Maripili.

‒Las tres en la firmeza solidaria ‒selló Conxi.

‒Estoy muy satisfecho que mis apellidos estén en boca de millones de personas, que me nombran en todos los idiomas y dialectos que existen en el mundo. Aún es más importante saber cuánta gente conoce el nombre de Copel Mendigo Langui y promocionarle ‒concluyó Momento Oportuno Muchas Gracias.

Los cinco amigos se levantaron. Cogidos de la mano se fueron cantando de un lugar a otro.

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