Motín en el frenopático

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Apareció el enfermero con su blanca bata. Sobre los hombros tenía una calavera. Venía con Doña Perpetua.

No has comido nada‒ dijo.

No puedo, me hablan las judías y pierdo el hambre‒ contestó.

Doña Perpetua golpeó las espaldas de Candela. Su cara escondió el pájaro versátil ojeador acusando los golpes con gemidos.

Quiero que te comas el plato completo ahora mismo‒ dijo la calavera levantando a Doña Perpetua por encima de la cabeza de la mujer.

Empezó a sorber las judías. Al tercer buche, devolvió la catarata de legumbres, salpicando el faldón del parásito.

No puedoooooo… Miles de voces me llaman asesina. 

Doña Perpetua, sin piedad, cayó repetidas veces sobre la cabeza de Candela. Ardía la mujer. Su pájaro incubaba el grito. Tiró de los brazos del enfermero, patinando en los vómitos, de tal factura que la calavera golpeó en la punta del somier empotrado, quedando inerte el aspador. Un púrpura espeso propulsado se mezcló con las babosas judías raspadas por el suelo. Se facultó la ataraxia, gripe enmohecida de lápidas. El esfínter abrió el olor de cloacas por el colofón del colon.

La loca ha matado a Pepeluis‒ corría la voz inhóspita por el frenopático. Fiebre arcana en el Departamento de Agitados. Moreno oscurecido va el día.

En la celda se presentó un castigo de calaveras con cascos, asomados por Doña Perpetua.

Puta, asesina, majara, perra rabiosa‒ la designaban, mientras Doña Perpetua descargaba sin compasión dureza contra Candela.

Al día siguiente, sin publicidad, Candela fue enterrada en el pequeño cementerio intramuros del complejo penitenciario de Carabanchel. Petulantemente turbado, el cura realizó la genuflexión de presidio y la persignación acelerada por el coñac. El parte oral hablaba del motín de Candela. Certificaron muerte natural por infarto. La desarraigada, de 51 años, no tenía familia.

Esta historia la trascendió un enfermero viejo que jugaba al invertido y que estaba loco por contarla a un loco que no estaba loco. Entre locuras, lo único cuerdo es lo que desata a Doña Perpetua para permanecerla de siglo en siglo.

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