Rebeldía y ley de fugas 2

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Desde 1977 los jueces franquistas y el Gobierno crearon unos escuadrones de la muerte específicos contra los miembros de Copel que iban saliendo en libertad. Consideraron que las víctimas insatisfechas del franquismo, muy ideologizadas, estaban en desacuerdo con su exclusión de la reconciliación nacional y el mantenimiento del franquismo sobre la gente mas indefensa. Era posible esta persecución a los sin voz por la imagen de estado democrático acristalada con la complicidad de los sindicatos y partidos políticos a sueldo de las subvenciones económicas y cuotas de poder. Los rastros mas visibles que dejo la Columna Judicial Franquista los encontramos en las falsas rebeldías a prisioneros para que cuando salieran a la calle tuvieran en su responsabilidad delitos permanentes sin que lo supieran. Una vez que las víctimas desembocaban extramuros con ese delito ignorado de rebeldía y la busca y captura de esa consecuencia, todo era cuestión de tiempo y oportunidad para ser tiroteados por los escuadrones de la muerte policiales. En los casos del éxito de la ley de fugas, los esbirros declaraban haber sufrido un enfrentamiento armado y por esa causa justificaban la muerte de cualquier ex copeliano. 

Jacinto Exposito López y Domingo Guío Alvárez eran dos miembros de la Copel que sí estaban en busca y captura verdadera por su fuga del Palacio de Justicia de Madrid, Las Salesas. Ambos, de contrastada ideología solidaria, desde los calabozos de Las Salesas accedieron a un elevadísimo tragaluz del calabozo en el sótano del complejo judicial. Llegaron a un patio interior y se mezclaron con abogados y procuradores y el tránsito del púublico hasta alcanzar la calle con gran limpieza. Los jueces franquistas se sintieron profanados y no advirtieron de esa fuga a los medios de comunicación escritos convencionales, o lo acordaron con la prensa, silenciando la evasión de ambos militantes antifranquistas. Al quedar oculta la fuga, sus familiares, amistades y relaciones pudieran llevar a la policía hasta los evadidos, sin la discrección y seguridad que pudieran ofrecer a Jacinto y a Domingo si estuvieran avisados.

El día 04-02-1981 Jacinto y Domingo son detectados en Illescas, Toledo, entablando un tiroteo para que los fugados huyan en su vehículo. El vehículo de los copelianos vuelca en un terraplén. Los guardias les sacan vivos del coche volcado. Les torturan allí mismo. Era un lugar muy discreto. Terminan con su asesinato a balazos. La muerte por enfrentamiento es la versión de los ejecutores. Ningun muerto habla. Los datos síi hablan pero un juez franquista sepulta las periciales y las contradicciones. La palabra de los familiares de Jacinto y Domingo no fue escuchada por la fulanidad periodística. Han muerto dos delincuentes, dos enemigos del pueblo, que es la gran mentira. Murieron dos víctimas del franquismo que estaban detenidas e inmovilizadas. Dos seres humanos. Dos personas que lucharon y luchaban contra la crueldad y su exclusioón de un sistema autoritario que violentaba los derechos humanos. Dos personas fuertemente ideologizadas, muy valiosas para la justicia y la paz.

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